29/03/06
Pueblo Maldito
Durante mucho tiempo se ha hablado de la popular aldea de Ochate
como el pueblo "maldito" por excelencia, dentro de nuestra geografía
española; y aunque bien es cierto que las innumerables
manifestaciones que allí se han venido observando la han convertido
en la más exclusiva y especial en cuanto a la diversidad de sus
fenómenos, no es la única en poseer el dudoso privilegio de tal
denominación. Otras aldeas y pueblos, dispersos por distintos puntos
de nuestro país, la acompañan en su andadura. Algunos son conocidos,
otros no tanto; la aldea que nos ocupa forma parte de éstas últimas.
Situada en Valencia, y conocida como la Cornudilla, este pequeño
pueblo de principios de siglo, abandonado y olvidado en la
actualidad, sigue reclamando su pequeño espacio en la historia de lo
paranormal. Nosotros hemos recogido su historia, pues esta aldea, hoy
inofensiva pero antaño activa, bien merece una mención.
Vista general de Ochate
En el Condado de Treviño, a 14 kilómetros de Vitoria, se
encuentra la aldea de Ochate. Quienes han peregrinado por este lugar
y conocen su historia, sienten, aún sin darse cuenta, la extraña
sensación de lo que alguna vez aconteció en aquel lugar. Situada
entre los pueblos de Aguillo, Imiruri y Ajarte, Ochate es el más fiel
reflejo de lo mistérico y lo paranormal dentro de la leyenda de los
pueblos malditos y mágicos. El investigador Pruden Muguruza, quién ha
llevado a cabo el mejor trabajo sobre Ochate, nos relata como en
1.947 un vecino de Imiruri, tras ver caer una potente luz sobre la
ermita de Burgondo, encontró entre las ruinas dejadas por
aquel "rayo", un medallón con la representación de la Virgen, no
conocido por nadie hasta aquella fecha, o como un vecino de Marquínez
que dirigiéndose a su huerto desapareció, con azada y todo, sin dejar
rastro alguno. Por desgracia el interés que suscita Ochate ha
provocado que muchos curiosos irresponsables hayan acudido al lugar
destrozando todo lo que han encontrado a su paso (en el que se
incluye el incendio de la iglesia) y ha incitado a tejer fábulas
imaginarias que en nada benefician a su verdadera historia.
No es éste, afortunadamente, el caso de nuestro pequeño pueblo
valenciano de la Cornudilla, que desconocido como es, a mantenido (de
momento) su pequeña historia y las pocas casas que quedan en pie, a
salvo de todo ello.
LA CORNUDILLA Y SU ENTORNO
La Cornudilla, que apenas aparece en ningún mapa, forma
parte del término municipal de Requena y está circundada por las
aldeas de los Marcos y los Ruices, cuyos únicos habitantes conocen su
peculiar historia. Caminar por esta aldea no despierta hoy día la más
mínima sospecha de lo que pudo haber ocurrido en el pasado, siendo un
lugar tranquilo y silencioso, roto tan sólo por el balar de las
ovejas de algún pastor vecino o el ocasional tránsito de los
tractores que pasan por su, actualmente, allanada calle principal que
divide la aldea en dos mitades. El lugar es apacible en su conjunto,
está rodeado de montes y viñedos y a tan solo treinta metros se
encuentra la rambla de los caballeros procedente del río Cabriel, que
ofrece un panorama ideal para cualquier campista. En la actualidad
existen pocas viviendas sanas, dos o tres a lo sumo, que forman lo
que se podría llamar, el núcleo principal de la aldea, las restantes
diseminadas por los alrededores, solo mantienen su estructura,
excepción hecha de un enorme corral usado antaño para cobijar el
ganado y que se ha sustentado incólume al paso de los años. A unos
25 metros del resto de la aldea, existe una pequeña casa, deteriorada
en su mayor parte, que se nos antoja, al mirarla, ajena a la
Cornudilla, esta casa llamada por los marqueños y jaragueños,
la "casa del ruido" desempeña, como veremos más adelante, un papel
principal en la leyenda maldita de ésta aldea.
Vistas generales del "pueblo maldito"
Conocer la historia exacta de la Cornudilla no resulta
tarea fácil, como tampoco entrevistar a los testigos o situar los
acontecimientos en una fecha determinada. Los rudos lugareños a los
que tan difíciles son de acceder por considerar todos los temas
paranormales como asuntos que deben respetarse o bien ocultarse por
temor al ridículo, suelen mantener un absoluto mutismo o simulan no
conocer nada referente a todo ello. La actitud más frecuente con la
que nos encontramos es la de remitirnos a otras personas que quizás
supieran algo y estas a otras, con la intención, suponemos, de
quitarse el bulto de encima y no ser ellos los que dieran a conocer
lo sucedido. Buscamos entre las personas de mayor edad que pudieran
haber vivido directamente lo que allí pasó pues lo jóvenes más
dispuestos a hablar, poco conocían ya de la Cornudilla, excepto vagas
anécdotas distorsionadas por el tiempo, oídas a sus mayores. Se nos
relató que en la Cornudilla, a mediados de los cincuenta, cuando la
aldea todavía estaba habitada y ya al final de su existencia,
los "duendes", pues así se les sigue llamando por estas latitudes a
las apariciones, hicieron una visita a sus moradores, alterando la
pacífica vida de estos agricultores y provocando un miedo
considerable entre estas gentes endurecidas por la existencia en el
campo. Los testigos que por aquel entonces no eran más que niños y
con los que pudimos entrevistarnos, aunque bien es cierto que no de
manera muy abierta, dicen recordar como era frecuente escuchar en el
interior de sus casas, en las poco iluminadas noches de aquellas
fechas, murmullos procedentes de no se sabe dónde, sombras que
deambulaban de un sitio para otro y ruidos nocturnos de extraña
naturaleza, todo ello acompañado del natural miedo que se creó entre
sus habitantes. Nadie se supo explicar, ni siquiera hoy, que motivó
aquel episodio. Se llegó incluso a sospechar que la aldea estaba
construida sobre "tierras extrañas" aunque nada, excepto árboles,
existía en aquel suelo hasta entonces. Lo cierto es que estas
misteriosas manifestaciones se esfumaron del mismo modo en que
aparecieron, sin previo aviso, aunque no fue este el caso de esa
pequeña casa, que como antes decíamos, se halla a uno pocos metros de
las demás viviendas, conocida como "la casa del ruido", de la que
hoy sólo quedan dos muros, pero en la que todavía se puede apreciar
su estructura interna, que parece poseer, al contemplarla, una
personalidad propia extraña al resto del conjunto, o al menos así nos
lo dicta la imaginación.
Las desoladas calles de La Cornudilla
LA CASA DEL RUIDO
Uno de los testigos con el que afortunadamente logramos
conversar y que vivió en primera persona todo lo ocurrido en la
Cornudilla, siendo ya una persona adulta, nos habló de la "maldición"
de la casa del ruido, siendo él uno de los protagonistas. Este
hombre, hoy de unos setenta años de edad, al que llamaremos Tío F.
para respetar su intimidad tal como nos lo pidió, cuenta cómo
viviendo en esta casa de su propiedad familiar, se oían al caer la
noche, ruidos estruendosos de todo tipo procedentes del pozo interior
de la vivienda, y cadenas que eran agitadas contra el suelo del piso
superior. También eran frecuentes los fenómenos de poltergeist donde
cubiertos y platos eran arrojados contra las paredes sin ningún
motivo aparente, parece que acompañados de susurros (no nos dijo si
eran inteligibles). Los animales también parecían notar lo que en
aquella casa se cernía. Tanto los perros como la caballeriza, se
inquietaban y agitaban estando en los abrevaderos. Se llegó a un
extremo en el que los propios moradores, presas del más absoluto
terror, se vieron obligados a abandonar la vivienda y trasladarse a
las vecinas aldeas de los Marcos y los Ruices, que ya reclamaba a los
cornudilleros abandonar tan pequeño núcleo poblacional.
La hoy derruida "casa del ruido" en la que pasamos una
noche esperando poder observar algún raro fenómeno
Todo esto motivó que se hicieran apuestas entre los
aldeanos vecinos de unas pocas "perras", para comprobar quién era
capaz de vivir en esta casa y soportar todas sus manifestaciones;
según nos indicó el tío F., y otras personas testigos de las
apuestas, pocas de las varias familias que por allí pasaron, lograron
estar más de dos semanas seguidas.
Tanto la casa del ruido, como el resto de la aldea, fue
abandonada, como hemos indicado, en los últimos tiempos de los años
cincuenta. Sus habitantes marcharon, en parte por asentarse en
pueblos de mayor expansión (la Cornudilla no tendría más de cuarenta
habitantes) y en parte por la soledad que inspiraba esta pequeña
aldea. Aunque creemos que su condición mágica tubo también algo que
ver, lo cierto es que en la actualidad sólo quedan los muros y
tejados de ese centenario pueblo y los pocos murciélagos que han
ocupado las casas como buenas mantenedoras del misterio, y en el
lugar más apartado, donde la casa del ruido todavía se erige
misteriosa y oscura, reclamando aún a algún atrevido a pernoctar en
su interior, pese a que actualmente a perdido toda su fuerza y
maldad ...o no, porque en una zona llena de extrañas historias y
leyendas que los lugareños dicen "del tiempo de los moros", siguen
sucediendo raros acontecimientos.
OTROS CASOS OTRAS COSAS
No es la Cornudilla, la única en turbar el sueño de los recios
agricultores de la zona. Mientras indagábamos sobre la aldea, tuvimos
la fortuna de conocer a G., actual vecino de Requena, que nos narró
el extraordinario encuentro que tuvo en el verano de 1.979 con un
OVNI y muy presumiblemente con sus tripulantes, en las inmediaciones
de Venta del Moro. Decimos presumiblemente, pues como ya era
costumbre en esta investigación, su relato estaba tejido de temores y
desconfianzas, lo que no nos permitió saber a ciencia cierta si el
encuentro se redujo simplemente al avistamiento del objeto o por el
contrario también se encontró con su tripulación. Más tarde se nos
aclaró que, efectivamente, los dueños de aquel artefacto, también
fueron vistos, pero lo mejor es exponer el caso tal como sucedió.
Eran aproximadamente las 10 de la noche, cuando se produjo el
incidente. G., regresaba de Requena a los Marcos, lugar en el que
vivía en aquel año 79, con dos de sus sobrinos, los cuales no
superarían los 8 años de edad, cuando al llegar al cruce de
carreteras que une Venta del Moro con los Ruices, las Monjas y los
Marcos, notó que su coche se paralizaba sin razón alguna y todas las
luces, tanto interiores como exteriores, quedaban apagadas. Intrigado
por aquello, salió del coche y fue entonces cuando vio el causante de
la "avería". Una esfera luminosa se acercaba hacia ellos posándose al
instante, a unos 30 mts., en la cuneta justamente enfrente de donde
G. estaba. Aún se quedó un rato observando "aquella cosa" preso de un
miedo que le impedía moverse. Era una bola completamente circular y
de la que irradiaba una luz que circundaba todo el objeto. Sus
dimensiones no le quedaron demasiado claras, pero le parece que
mediría unos 2 mts. de alto por 5 de diámetro. En ese momento oyó
como el coche volvía a ponerse en marcha, y en un esfuerzo por no
quedar hipnotizado por su extraordinaria visión, que no duró ni 5
minutos, se subió en él, y como pudo, marchó de allí en la dirección
fijada.
Creíamos, aunque no sabríamos decir por qué, que G. nos ocultaba
algo sobre su aventura, por lo que buscamos a aquellos dos sobrinos
pequeños, que hoy ya tendrían unos 19 o 20 años, testigos junto a G.
del extraño suceso. Era probable que no recordaran nada, pero aún así
nos animamos. Dimos tan sólo con uno de ellos, J. L. quien recordaba
perfectamente, pese a lo joven que era, todo lo ocurrido. Recordó
para nosotros cómo estando él en el asiento trasero con su hermano,
vio como tres pequeñas siluetas de aspecto infantil salían del OVNI,
e inmóviles, dirigían su mirada hacia los ocupantes del coche, en el
momento en que su tío G. montaba en el coche y marchaba de allí. No
recordaba haberles visto ningún rasgo, pues la luz del objeto lo
impedía, pero sí llegó a ver que eran bajitos y muy delgados. Al día
siguiente G. se presentó nuevamente en la zona, no encontrando nada
salvo su propio recuerdo.
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